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Las ascidias reciclan su cerebro

  • Foto del escritor: Igor Sanz
    Igor Sanz
  • 3 feb 2017
  • 1 Min. de lectura

Los tunicados (Ciona intestinalis) comienzan su vida como larvas nadadoras parecidas a renacuajos, pero luego se adhieren a una roca u otra superficie y no se vuelven a mover nunca más. "El cuerpo de la larva tiene un cordón nervioso que recorre su parte posterior, parecido a la columna vertebral de animales más complejos", dice John Bishop, de la Asociación de Biología Marina de Reino Unido. "Al frente de este cordón nervioso se encuentra un ganglio o 'vesícula cerebral' y unos órganos para percibir la luz y la gravedad, que la ayudan a encontrar un sitio que le sirva de hogar". Al llegar a la madurez, "ya no necesita los órganos de los sentidos, el cordón nervioso o ni siquiera su cola, así que los reabsorbe". Los tunicados son el ejemplo más notable de la estrecha relación entre la motricidad y capacidad de sentir.

«No hay diferencia fundamental entre el hombre y los animales superiores en sus facultades mentales... La diferencia en la mente entre el hombre y los animales superiores, por grande que sea, es una diferencia de grado, no de clase.»

—Charles Darwin (El origen del hombre)

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